Tiempos de incertidumbre en el mundo: ¿qué significa esto para la gente de la Zona Sur o las zonas agrícolas?

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Por Por José Rafael Quesada. Director ejecutivo Fundación pro Unidad de Cuidado Paliativo Pediátrico

Durante décadas muchas personas creyeron que la globalización traería estabilidad permanente, crecimiento económico continuo y una creciente integración entre los países. Sin embargo, los acontecimientos de los últimos años nos muestran una realidad diferente.

Vivimos una época caracterizada por la incertidumbre, el miedo, la fragmentación, la violencia y cambios acelerados que afectan tanto a las grandes potencias como a las pequeñas comunidades rurales en todo el mundo, y en Costa Rica también.

Las guerras en Europa y Medio Oriente, las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, la competencia por minerales estratégicos, la transformación tecnológica impulsada por la inteligencia artificial y el cambio climático son expresiones de un nuevo escenario mundial. Lo que antes parecía distante hoy influye directamente en la vida cotidiana de millones de personas.

Para muchos habitantes de la Zona Sur de Costa Rica una zona agrícola y la geopolítica puede parecer un concepto lejano. Sin embargo, basta observar cómo las fluctuaciones internacionales afectan el precio de los combustibles, los fertilizantes, los alimentos y el transporte para comprender que los acontecimientos mundiales llegan rápidamente hasta las comunidades rurales.

Cuando aumenta el costo del petróleo, gasolinas y el diesel, aumenta el costo de movilizar productos agrícolas. Cuando se interrumpen cadenas de suministro internacionales, ciertos insumos se vuelven más escasos o más caros. Cuando los fenómenos climáticos como el del Niño, se intensifican, las cosechas, los caminos, los puentes y la infraestructura local sufre mayores impactos.

La incertidumbre global no solo tiene efectos económicos. También tiene consecuencias humanas. En muchos países crece la ansiedad, el caos, la movilización en las calles, el miedo al futuro y la sensación de que los cambios ocurren demasiado rápido.

Paradójicamente, vivimos en una época con más acceso a la información y a la tecnología que nunca antes, pero también con mayores niveles de preocupación social.
Desde una perspectiva humanista, el desafío central no es únicamente tecnológico o económico.

La pregunta fundamental es qué ocurre con las personas en medio de transformaciones tan profundas. La tecnología puede ampliar nuestras capacidades, pero no sustituye la necesidad de construir sentido, fortalecer vínculos comunitarios y desarrollar proyectos colectivos.

La Zona Sur o región Brunca posee importantes fortalezas para enfrentar estos desafíos. Su tradición agrícola, la experiencia de las cooperativas, las asociaciones de desarrollo, las Asadas y las múltiples formas de organización comunitaria constituyen una base sólida de resiliencia social. Allí donde existen redes de cooperación, las comunidades suelen responder mejor a las crisis y adaptarse con mayor eficacia a los cambios.

La resiliencia no significa evitar las dificultades. Significa desarrollar la capacidad de enfrentarlas, aprende de ellas y salir fortalecidos. Esto implica invertir en educación, capacitación tecnológica, innovación productiva, protección ambiental y fortalecimiento de las organizaciones locales.

La inteligencia artificial, por ejemplo, puede convertirse en una herramienta valiosa para mejorar la agricultura, ampliar el acceso a la educación, fortalecer la atención en salud y facilitar la comercialización de productos rurales. Pero para que esto ocurra, la tecnología debe ponerse al servicio de las personas y no al revés.

Vivimos tiempo complejos. Nadie puede predecir con exactitud cómo será el mundo dentro de veinte años. Lo que sí sabemos es que las comunidades que cultiven la solidaridad, la cooperación y la capacidad de adaptación tendrán mayores posibilidades de prosperar.

La incertidumbre mundial es real. Pero también lo son la creatividad humana, la organización comunitaria y la capacidad de construir futuro.

En última instancia, la mejor respuesta frente a la incertidumbre y el miedo, sigue siendo fortalecer aquello que nos hace verdaderamente humanos: la cooperación, la esperanza, el compromiso con el bienestar común y la intención de Humanizar todos los ámbitos en que nos encontramos.

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