Redacción. – La candidata del Partido Pueblo Soberano (PPSO), Laura Fernández Delgado, fue electa presidenta de la República de Costa Rica al imponerse en primera ronda con un respaldo cercano al 48,5 % de los votos válidos, según los datos preliminares del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE).
El resultado no solo le permitió evitar el balotaje, sino que consolidó su movimiento en la Asamblea Legislativa.
Fernández se convierte así en la segunda mujer en alcanzar la Presidencia en la historia del país y en la figura que da continuidad al proyecto político iniciado por la actual administración, con un mandato que —según afirmó la propia presidenta electa— será “profundo e irreversible”.
Un triunfo electoral amplio
De acuerdo con los cortes oficiales del TSE y los análisis posteriores de distintos medios nacionales, Fernández se impuso en seis de las siete provincias, con ventajas particularmente amplias en zonas rurales y costeras, donde el discurso de continuidad, desarrollo productivo y fortalecimiento de la economía real tuvo mayor eco.
El segundo lugar fue ocupado por el candidato del Partido Liberación Nacional (PLN), Álvaro Ramos (33,43%) quien reconoció la derrota pocas horas después del cierre de las urnas.
Más abajo, aparecieron Claudia Dobles de la Coalición Agenda Ciudadana (4,85%), Ariel Robles Barrantes, candidato por el Frente Amplio (3,76%), Juan Carlos Hidalgo del PUSC (2,79%), Fabricio Alvarado de Nueva República (2,17%) y Avanza, representado por José (1,78%).
Otras fuerzas tradicionales y emergentes quedaron rezagadas, sin lograr capitalizar el clima electoral marcado por la polarización entre continuidad y retorno al pasado político.
La participación ciudadana rondó el 70 % del padrón, un dato que fue interpretado como una señal de legitimidad democrática y de alto involucramiento ciudadano.
Uno de los elementos centrales del nuevo escenario político es la composición de la Asamblea Legislativa.
El Partido Pueblo Soberano logró aproximadamente 30 de las 57 curules, asegurando una mayoría simple que le permitirá impulsar con mayor fluidez su agenda legislativa (ver nota posterior).
“Tercera República”
Tras confirmarse la tendencia irreversible, Laura Fernández ofreció un discurso asegurando que mantendrá la democracia en Costa Rica.
“El pueblo habló y ha optado por la continuidad”. No obstante, aclaró que esa continuidad implica transformación: “Un cambio que solo busca rescatar y perfeccionar nuestras instituciones democráticas y devolverlas a ustedes, al pueblo soberano”.
El punto más contundente del discurso llegó con la declaración formal del cierre de una etapa histórica: “Hoy, primero de febrero de 2026, Costa Rica ha cerrado un ciclo en su historia política. Lo que se llamó la Segunda República, labrada en 1948 en campos de batalla anegados con la sangre de nuestros padres y hermanos, ha quedado en el pasado, por la voluntad expresa del pueblo de Costa Rica”.
A partir de ahí, Fernández proclamó el inicio de una nueva era: “Por eso nos toca a nosotros edificar la Tercera República. Por eso y para eso se instalará el nuevo gobierno el próximo 8 de mayo”. El mensaje fue rematado con una frase que se convirtió en consigna de la noche electoral: “¡El mandato que me da el pueblo soberano es claro: el cambio será profundo e irreversible!”.
Todos juntos
La presidenta electa subrayó que este proceso no es exclusivo del oficialismo: “Nos toca a todos juntos dimensionar, articular y ejecutar el cambio.
También los que hoy no fueron favorecidos por las urnas tienen una gran responsabilidad con el futuro de la patria”, y prometió que su administración abrirá “los espacios pertinentes para que cumplan esos deberes cívicos y políticos”.
En materia de oposición, Fernández anticipó un nuevo comportamiento político: “Uno de los cambios más significativos de la Tercera República será la forma en que actúa la oposición al gobierno y los partidos políticos en general”. Definió su rol ideal como “vigilante y fiscalizadora”, pero también “propositiva, coherente y leal a los intereses de la ciudadanía”.
Al mismo tiempo, lanzó una advertencia directa: “La oposición por oposición, obstruccionista y saboteadora, enceguecida por el revanchismo y el canibalismo político, nos desgasta a todos y obstaculiza la lucha por la prosperidad y el bienestar del país”.
Fernández aseguró que presidirá “un gobierno de diálogo y concordia nacional, respetuoso y firme del Estado de Derecho”, y defendió la reforma legal como herramienta legítima: “La ley que no sirve, que se volvió obsoleta o que se convirtió en un lastre al desarrollo nacional, se modifica o se deroga”, siempre —dijo— respetando a las minorías y evitando “los riesgos de la arbitrariedad y el autoritarismo que nadie quiere y que yo no voy a permitir nunca”.
La presidenta electa afirmó que la Tercera República busca “acabar con la corrupción, con la demagogia y con la ineficiencia del Estado”, sin renunciar a los valores históricos del país: “La paz, la libertad y la solidaridad seguirán siendo los principios rectores de nuestra vida republicana”.
Finalmente, dedicó un extenso mensaje a la prensa, a la que reconoció como pilar democrático, aunque con deberes claros: “La libertad de prensa es una garantía democrática en favor del pueblo, no una moneda de trueque con información pública o extorsiva para favorecer intereses económicos particulares”.
En el cierre del discurso, Fernández rechazó los señalamientos de autoritarismo lanzados durante la campaña: “Intentaron meterle miedo a la ciudadanía, pero los electores olieron la trampa”. Y concluyó reafirmando su identidad política: “Soy una defensora de la libertad, de la vida y de la familia; mi gobierno solo tendrá un propósito: fortalecer el Estado de Derecho al servicio de las familias costarricenses”, antes de despedirse con un mensaje final: “Pueblo bendito de Costa Rica, que Dios los bendiga”.
La presidenta electa subrayó que su administración será “respetuosa y firme del Estado de Derecho” y que cualquier reforma legal o institucional se hará dentro del marco democrático, descartando prácticas autoritarias.
Laura Fernández asumirá formalmente la Presidencia el próximo 8 de mayo de 2026, en un contexto político marcado por un respaldo popular sólido, una Asamblea Legislativa favorable y una narrativa de cambio estructural que promete definir el rumbo del país en los próximos años.







