Costa Rica tiene una cita con el futuro: la economía circular llega a las cooperativas desde la academia

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La Unión Europea reconoció a FUNDEPOS como socio estratégico en el proyecto Erasmus+ CIRCULAT. Lo que viene a continuación importa a todo el movimiento cooperativo costarricense.

Hay proyectos que valen por lo que financian. Y hay proyectos que valen por lo que significan. El proyecto CIRCULAT, del programa Erasmus+ de la Unión Europea, en el que FUNDEPOS participa oficialmente desde el 28 de octubre de 2025, pertenece con claridad a la segunda categoría. No es solo una oportunidad de financiamiento internacional: es el reconocimiento explícito, desde Europa, de que nuestra universidad está en condiciones de liderar la transformación que el mundo productivo necesita y que el movimiento cooperativo lleva décadas anunciando.

Que la EACEA seleccione a FUNDEPOS como socia en un consorcio de diez instituciones de cuatro países —España, Rumanía, Chile y Costa Rica— no es un dato menor. Los proyectos Erasmus+ CBHE son la iniciativa de cooperación universitaria más exigente y selectiva que financia Europa. Que FUNDEPOS esté en esa mesa, como la única universidad de raíz cooperativa de América Latina en este consorcio, es una distinción que ningún presupuesto institucional podría comprar.

Seis nuevos programas para cooperativas y pymes

Dentro del consorcio, a FUNDEPOS le corresponde una de las tareas más sustantivas y con mayor impacto directo: el diseño e implementación de seis nuevos programas formativos en economía circular orientados específicamente a cooperativas, pymes y estructuras asociativas de Costa Rica y Chile.

No se trata de trasladar contenidos europeos al contexto latinoamericano, sino de construir propuestas formativas que dialoguen con la realidad de una cooperativa agroindustrial en la zona sur de Costa Rica o de una pyme del sector alimentario en el centro de Chile: rutas de aprendizaje pertinentes, aplicables y verificables para organizaciones reales, con recursos limitados y necesidades operativas inmediatas.

Los temas centrales: ecodiseño, valorización de residuos, trazabilidad digital del desempeño ambiental, modelos de negocio regenerativos, medición de impacto y acceso a estándares internacionales de sostenibilidad. Todo con el lenguaje y la escala que las organizaciones cooperativas necesitan, no los que convienen a las grandes corporaciones.

El momento que no podemos perder

La economía circular dejó de ser una tendencia académica o un ideal de política pública para convertirse en una condición de acceso a los mercados. Las exigencias de trazabilidad, divulgación de sostenibilidad y desempeño ambiental que se consolidan en Europa y en los mercados de América del Norte ya están llegando a las cadenas de valor en las que participan nuestras cooperativas y pymes. Sin capacidades para medir, gestionar y demostrar ese desempeño, no se trata solo de perder oportunidades: se trata de quedar excluidos.

Costa Rica tiene una ventaja que pocos países de la región pueden exhibir: la Ley de Economía Circular, dictaminada afirmativamente en octubre de 2024, coloca al país en una trayectoria legislativa y de política pública alineada con los estándares globales. Esa ley reconoce la importancia de las alianzas público-privadas, la innovación tecnológica, la investigación aplicada y la trazabilidad digital. CIRCULAT llega precisamente para construir las capacidades que esa ley va a demandar. Y FUNDEPOS llega a CIRCULAT para asegurarse de que esas capacidades lleguen primero a donde más se necesitan: al sector cooperativo y a la pequeña empresa.

Quiero ser claro en algo que considero fundamental. La economía circular no es una ideología nueva ni un modelo importado que debemos adoptar como extraño. Es, en buena medida, la formalización técnica y la medición sistemática de valores que el movimiento cooperativo lleva más de ciento cincuenta años practicando.

La preocupación por la comunidad, la responsabilidad hacia las generaciones futuras, la primacía de la persona sobre el capital, la cooperación entre entidades y la gestión democrática de los recursos comunes: estos principios rectores del cooperativismo mundial son, exactamente, los principios filosóficos que inspiran la transición circular.

Para muchas empresas convencionales, adoptar la circularidad implica un cambio profundo de propósito. Para las cooperativas se trata de hacer explícito y medible aquello que su identidad ya postula. Y por su arraigo territorial, su capacidad de articulación entre productores y su vocación de permanencia, las cooperativas están especialmente bien situadas para cerrar ciclos de materiales, compartir infraestructura y construir las simbiosis productivas que la circularidad requiere.

«Las cooperativas no necesitan ser convencidas de que la economía debe estar al servicio del ser humano y en equilibrio con la naturaleza. Necesitan herramientas técnicas, indicadores y metodologías para demostrarlo y llevarlo a la práctica en sus procesos productivos.»

Lo que Europa trae: metodologías y redes

La participación en CIRCULAT no se agota en los seis programas académicos. Implica también que los equipos docentes y técnicos de FUNDEPOS accederán a las metodologías más avanzadas que se utilizan en Europa: aprendizaje basado en retos reales (Challenge-Based Learning), laboratorios vivos de innovación (living labs), modelos de mentoría empresa-academia y sistemas de medición de impacto circular con trazabilidad digital.

Implica además que FUNDEPOS pasa a formar parte de una red activa de nueve instituciones en cuatro países —España, Rumanía, Chile y Costa Rica— con las que podrá colaborar, intercambiar y construir en los años que vienen. El proyecto contempla también que FUNDEPOS sea la sede del Foro Internacional de Economía Circular para Cooperativas, previsto para 2028 con la participación de más de doscientas personas entre líderes cooperativos, empresarios, académicos y actores de política pública.

Una universidad de y para el movimiento cooperativo

FUNDEPOS nació desde el cooperativismo costarricense. No somos una universidad que estudia las cooperativas desde afuera; somos una institución que existe porque el movimiento cooperativo decidió que necesitaba su propia casa académica. Eso nos da una responsabilidad que ningún otro actor del sistema universitario puede asumir con la misma legitimidad.

En ese contexto, nuestra participación en CIRCULAT no es solo un logro institucional. Es, sobre todo, el cumplimiento de un mandato: llevar a las cooperativas y a las pymes costarricenses el conocimiento, las herramientas y los estándares que el mundo está generando sobre economía circular, adaptados a sus realidades, en su idioma y con la profundidad que su transición requiere.

Desde hoy y a lo largo de los próximos treinta y seis meses, FUNDEPOS estará diseñando esos programas, capacitando a sus docentes, piloteando los contenidos con organizaciones reales, midiendo el impacto y ajustando los modelos. Todo con financiamiento de la Unión Europea y todo con el propósito de que, al final del camino, Costa Rica tenga una oferta formativa en economía circular que no dependa de que exista un proyecto internacional para seguir funcionando.

Un llamado al movimiento cooperativo

Me dirijo a quienes leen esta publicación —líderes cooperativos, directivos, gerentes, representantes gremiales y actores de política pública— para hacer un llamado concreto: este proyecto les pertenece tanto como a nuestra universidad.

CIRCULAT no podrá generar el impacto que promete si las organizaciones del movimiento cooperativo no se involucran en el proceso. Los programas que diseñemos serán mejores si los co-construimos con las cooperativas que los van a usar. Los pilotos serán más robustos si se prueban en contextos reales con organizaciones dispuestas a aprender y retroalimentar.

La economía circular no se instala en un decreto ni se aprende en una conferencia. Se construye, se practica y se mejora en las organizaciones que deciden tomarse en serio el tipo de país que queremos ser. Costa Rica tiene los valores, tiene la legislación en marcha, tiene las instituciones y ahora tiene también la cooperación internacional. Lo que nos falta —y lo que CIRCULAT viene a construir— es la capacidad técnica instalada para dar ese paso con solidez y con escala.

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